ϒеѕʈеɼᴆⱥӯ – La señora del ayer

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Una dama cubierta de ropas oscuras, sosteniendo flores y caminando encorvada, va solitaria en silencio moviendo los labios y a su rastro, su sombra va iluminando con cierto aroma de edad, el paso que va dejando grietas. Ya son varios que la identifican, con cierta comodidad se apartan para no estorbarle y ella, no hace gestos de agradecimiento; no por ser grosera, su fantasía se ha convertido en un hada que la hace ajena al mundo. Así es la mujer de secreta historia, que entre suposiciones se le atiza leyendas sin comprobar; así es la diosa, que camina en un valle de bella locura. Quizás puedas identificarla, es ella la madre de las cosas olvidadas, la señora del ayer.

El habla se pierde, la vista se nubla; su lento caminar embellece y confunde, quisiéramos extender nuestras manos y darle consuelo. Ser elegantes y presentables, amorosos y comprensivos, pero de nada sirve, ella nos evade y hace bien su actuar, no se inmuta por los gélidos pequeños que intentan acercarse a su sonrisa. Es una culpa que en silencio se ahoga en sus propios recuerdos, y los que la conocen por casualidad, a primera vista se compadecen de su lentitud, sin saber ellos que son los que han detenido el mundo por ella.

Es aquí donde anoto los recados de mi ángel, a pesar de que hay ocasiones en las que no es tan bastante la noche para expiar las palabras que no te pude decir. Es en este sitio, donde ocurrió la primera ocasión que no supe como comportarme, dejando que mis dedos se escurrieran en el velo de la muerte, para que al final fuera encarnada mi palabra en una criatura del bien y ella, fuera alivio en esa hora mortal. Un profundo amor, eso resulto ser lo que había en ese momento, y ahora que lo recuerdo, también fue un amargo adiós cuando tenían que llevarte; pero eso no te incomodo, ibas con el cuerpo lleno de brillo que el sueño te hizo ser lenguaje de la dama encorvada. De eso, hace tanto tiempo que se viene repitiendo, y en ese lugar que se ha reflejado en diversos y tantos sitios, somos nosotros los que esperamos la oportunidad de ser cobijados por ella en nuestra hora; quizás lloremos cuando suceda, tal vez no contengamos la cordura y brinquemos exaltados en protesta, pero inevitablemente, cerraran nuestros ojos a espera de mezclarnos con el verbo celeste del olvido.

Es una mujer que abraza su vientre, se pone de cuclillas y siente con tristeza el vacío de su interior; no puede evitarlo, y sollozan sus parpados humedeciendo su rostro. Se convierte dura la realidad, y eso provoca que se crea inútil, que su presencia es menos que inservible y no hay remedio que la haga creer lo contrario. Incluidos los bellos paisajes, se deshilachan aquellos amantes por su romance, pero a ninguno se entrega y hace bien en su actuar. Así es la tristeza que abraza heladas ausencias, la que por enamorarse se hace presa de oscuras pasiones; así es la mujer, la que no encontró premio en su oración, la que se quedó muda por no poder darle latido y pecho a su corazón.

Se pierde en si misma, no le encuentra motivo a su desdiches y sosteniendo absolutamente nada, en sus manos puedes encontrar el calor de una atormentada madre; en ese instante se acerca el filo del sueño eterno. De arriba, del cielo o quizás, desde lo más alto y lejano, cae la lluvia clemente, empapando la desfigurada presencia del no existente; dejando en mortuorio retrato el consuelo de aquel eco por no haber nacido. Es un sentimiento que desearíamos no abrazar, pero lo hacemos por que no encontramos más fuego que a nosotros, tanto así, es un arte hacer una melodía con esa chispa. Por ello, al verla hincada debajo de la lluvia de sus lágrimas, corremos a su compañía.

El habla se presenta, la vista se entume, y por acto de magia nos desenredamos de nuestra amargura para convertirnos en un poema. Lo intentamos, pero no concedemos el aliento cuando caemos en el acto; tanto así que es inmaculado el razonamiento, que no podemos pervertirlo con una verdad. El clima cambia constantemente, de lo que representa a lo que significa, hay un estrecho sendero que nos permite ver su naturaleza; pero pocas son las ocasiones que podemos verlo, y cuando ocurre, vaya que lo apreciamos. Por ello, almas nobles somos cuando hablamos con las notas musicales de un piano, no por enamorar, ni por engañar; sí para aliviar, si para liberar.

Es aquí donde me decidí, mezclar mi cuerpo con el viento, saltar y a tus brazos caer. Sentir brisas por caricias, callando mis dudas con tus besos y cuando por fin llegara a ti, abrir mis labios para llamarte por tu nombre. Mientras sucede, de mi pensamiento aparece un temor, el temor de no encontrar censura que delimite la prudencia y me convierta prisionero de oscuras pasiones; caer por tentación y sea en vano romperse. Pero soy un delgado arrepentimiento, que por amor abrazas y disculpas; te ciegas y no ves la verdad, y este acto, te hace sentir bien. La tierra tiembla, apenas puedo sostenerme, que por pánico me quiero esconder de las miradas para hablarte, y ante ello, solamente puedo pronunciarte una palabra entrecortada con mi llanto. No deseo más que nada que los mismos ayeres que te brindaron educación, te reciban con caluroso amor filial; pero la noche no me basta para comunicártelo, y no me es tan útil sentir que varios ángeles vienen a mi espalda, soló para consolar mi escandaloso lloriqueo. De eso, hace tanto tiempo que se viene repitiendo, y en ese lugar que se ha reflejado en diversos y tantos sitios, somos nosotros los que esperamos la oportunidad de ser escuchados por los que ahora, son ausentes presencias.

Una hermosa doncella de blancos vestidos, que utiliza por maquillaje los desvelos de la luna, anda bailando en la morgue de la paz, su visita es para sostener el rostro de los bellos, y a los horribles les abraza. Su tacto es cristal, tan frágil que casi es imperceptible, pero lo identificamos cuando de la nada nos brota del pecho, un suspiro que, en esos aletargados instantes de angustia e incertidumbre, mueve con meloso cariño el frío del alma. Una plegaria que nos respira nos compadece y nos adormece de cansancio, es la divinidad que nos espera con su pecho desnudo para amamantarnos. Así es la princesa de las mariposas negras, el ángel que es demonio y demonio que es ángel; así es la oscuridad que tiene por profundidad, el misterio del mismo final de todo.

Es aquí, donde mi cabeza fue tras de todo rastro, lo que fuera y que valiera algo, por un significado o por un propósito; que no fuera en vano perder la sorpresa de lo amado, y que ahora que recuerdo, también doloroso. Es en este sitio, donde me abandone a la nada, desconociendo que estos ciclos continuos jamás se detendrían, y serian eternos comportamientos aún sin tenernos a nosotros. Un profundo afecto, es lo que termina siendo ese sentir, y vaya que con el tiempo se agria con la partida de nuestra nobleza; pero, somos tan fríos en esos momentos, que nuestro desconsuelo es por la culpa de no haber dicho mucho más. Es así, llámese o no una dama, la que vestida de invisibilidad, nos habla como a sus hijos; la misma mujer de sombrero que entrada en locura, abraza vientres vacíos sólo para llevarse, con cierta pasividad, la morriña de todo mal.

Un bebé que va siendo sostenido por una alusión, sabemos que nunca fue vestido, que jamás supo a que sabía la leche materna; y esa mujer que quería besarle, olvido el llanto cuando cerro su imaginación. Sus flores ahora son adorno, de la piedra que es su tumba; los ríos evaporan a la falta de sal, mientras los vacíos sonríen por llorar. Así es la noche que nunca es bastante, ya no se recuerda ni se habla de esa dama, que embelleció su cara con fría sombra. Pocos son los que se encorvan a su nombre, los que a su comprensión extrañan lo adorado de su mortal amar. Ahora ajenos al mundo real, se convierten en historias que vuelan por las memorias. Es una culpa que no busca remedio, al contrario, encuentra soledad; es así que los que la llegan a conocer, simplemente ahogados entre notas, detienen el mundo por ella, por su ayer.

¤† V®yçºLªçk †¤
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СᴉϵƖ Ɲȣіɼ

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Arden los labios que te hablaron, los que te pronunciaron y describieron por pasos lo que harían por encima de tu cuerpo. De ello te cimbras, acudes a cerrar los parpados y pestañeas la aceptación por quemarte en ellos. Me permites acercarme y tocar tu frente con todos mis deseos; en tu mente dejó fragmentos de mi alma, fluyendo como eterno recuerdo. No hay limitación, es un sueño que despierta en los brazos de lo etéreo; por lo tanto, no esta de mas el exprimirnos los corazones con tierna fuerza.

Por lo ocurrido, los cielos se enfrascan en un beso mientras los silencios, juegan con el brillo del ruido que provoca la intención; y es tan impetuoso el momento, que en mi sombría esperanza, me transformo en una hipnótica estrella para acompañarle en la noche. Pueden alzar su vista, ver que en un flujo de lúgubres cuentos, ella permanece en ciclos constantes que la mantienen preservada en juventud; y si algunos en lugar de mirar, la observan detalladamente, quizás puedan ver su rostro oculto y enamorarse de lo que no puedan entender. Somos nosotros los que mordemos las muñecas de las manos, ¡los que mantenemos la prudencia del verbo!, los que comprendemos que las palabras son valiosas al estar existentes en un libro. Somos los mismos que lamemos las costras del caído…

Me tiemblan las manos cuando te recorren; no es de frío, es que me pongo intranquilo al saberme que estoy contigo. De ello me brotan rostros alegres en mi triste cara, que con cierta elegancia me abrazo a la vigilia de pensarte sin tiempo, ni distancia. Te permites bailar y flotar en mi mundo con todas mis fechorías, mi locura se envenena con tu bien; en mi pensamiento fluyes como el viento en eterna caricia, y ese algo que en otros tiempos sedujo al diablo, me tiene atento al tiempo de esperar por el bocado de querer. No hay ahogamientos, el asesinato es el reproche que se extingue al nacer de una nueva luz; por lo tanto, no esta de mas el hablar con tangible honestidad mientras somos nosotros mismos.

Extrañas, llegas a dudar y mil historias las conviertes en una, y quizás ese ayer que apasionadamente te sostiene en un delicado concepto de fragilidad, te inspira fuerza para evitar que algo salga mal. Pero debes saber, que la única burla es la compañía de varios que no presencian, ni en lo más mínimo, el oro de tu piadosa clemencia. Puedes abrir los ojos… ¡mirar desde lo alto del oscuro cielo el canto de cientos de anhelos!; enamorarte de alguno, y con tus manos pálidas, sostener la demencia de alguien perdido en sí mismo. Eres un conflicto en búsqueda de santa guerra, un testamento de buenas promesas, un ultimo destello de libertad. Eres el alegre canto de la madrugada que embriaga la percepción humana.

Así cómo yo hablo para ti, hay otros que me acompañan para hablarles a quien les corresponde, en un sin fin de constelaciones hay un espacio para los dos. Hay una clara intención que debo compartir, el miedo me ha guardado de la luz y desconozco mucho de lo que puedan llegar a prometer los bien intencionados. Un silabario de encuentros, un deleite embramado que sin que llegues a estar presente, en demencia te hacen piel con el abismo. Y resulto afligido, ya que me encuentro en un lugar distante, ajeno a los celestes recreos donde los desnudos cuerpos conversan de sus proezas como adorables amantes. En despectiva fuga, te rapto con somnoliento romance que teme desadormecerse en soledad; y así, te hablo para que no despiertes indiferente a mi opaco lucimiento.

Arden los ojos que te han llorado, los mismos que te han esperado, esperado toda la vida, a pesar de que me han incitado a despertar; ¡terco de mí!, he preferido cerrarlos que tenerlos abiertos en realidad. ¡Por ello soy soñador!, cómplice de los instantes que navegan en el limbo, casi tan ciego para ver lo que hay detrás de mi persona. No quiero implicar, poner márgenes o fronteras, ya he durado bastante enfrente del espejo para no saber lo que es perder la noche en breves éxtasis, en diabólicos arrebatos que hacen cielo con tus labios inexistentes. ¡No hay limitación!, eres y puedes ser más que un cuento; sólo basta que alguien te sepa leer bien los sueños.

Por lo no ocurrido, me derrito de helada ausencia por no haberme sabido, y el sentirme incrédulo con la caricia de la ingenuidad que es como recibir una bofetada de rabia, me ahoga de penas por no haberme entendido. El único traje que me sobra mostrar, es la desnuda sonrisa de aceptación que mantiene caliente la temperatura, a pesar de que en diplomáticos dichos, ¡maneja una engañosa política!. Es sencillo entender que no puedo ser esclavo de un ego ajeno, menos de una rabiosa vanidad que se tiñe de vacíos brillantes, y se llena con banales moralidades; pero, son los ciclos constantes que mantienen juvenil este engaño. Algunos en lugar de mirar, la observan detalladamente, quizás puedan ver su rostro oculto y enamorarse de lo que no puedan entender; desentenderse con la rectitud y ser viles soldados del amor que sólo sirven para morir. ¿Acaso somos nosotros los futuristas?, las ovejas que depilan para abrigar temporadas frías; y si es así, ¿de qué me sirve saberlo si estoy consciente de que no somos hijos del mismo padre?

Me tiembla la mandíbula, me siento cómo un perro viejo que mastica su ultimo bocado, y me inquieta ver que eres tú lo que pueda estar en mi boca; quisiera proseguir con el instinto sin saber si lo estoy disfrutando, pero sabemos que al buscar estrellas, mi olfato se distrae con el fresco perfume de un mal rato. De ello logro conseguir un poco de polvo que pica en mi nariz, y en mi interior es mil veces dulce (el oro del olvido). No hay ahogamientos, el asesinato es el reproche que se extingue al nacer de una nueva luz; por lo tanto, no está de más el hablar con tangible honestidad mientras somos nosotros mismos.

Hermosa esperanza, abre tus brazos y permíteme cobijarme con tus sedosas palabras; el hastío me ha desviado del camino. De tus venas quiero probar la sangre divina del pecado, incluso te permito que me maltrates mientras sorbo tu vida. Si te llegas a sentir extraña, cuéntame entre gritos las melodías que cantas (bendito infierno que hace eco en nuestros cuerpos amorfos). Pero debes saber, que no soy edad, ni soy pretencioso con lo que anhelo con fuerza; así que tenme, cariño, tenme hasta que lo último que beba de ti, sea mi misma sombra. Eres un conflicto en búsqueda de santa guerra, un testamento de ricas promesas, un destello de libertad. Eres el alegre canto de una noche soñada que erotiza todo mi mundo.

Arden los labios que te hablaron, los que te pronunciaron y describieron a detalle lo que te harían por debajo de tu despertar; abriendo los pliegues de tu intima alma. ¡De ello te cimbras en gélidos suspiros!, acudes con encantos a mi tormenta y pretendes calmarme con dulces gemidos. Me permites alejar tus cabellos de tu fresca mirada, ojear tus pupilas con mis dedos y tocar con mis alas tu infinito beso. Me dejas a mi deseo tu recuerdo, y crees que puedo sobrellevarlo, vivir sin ello por un tiempo; pero desconoces que tanto he esperado. Por ello cierro los ojos cuando la muerte toca mi puerta, la abro y muero un poco más; sabes que me siento solo, y ella que te ama tanto como yo, nos mantiene cubiertos de noche mi cielo.

¡Arden las manos que te esquilaron el plumaje!… …acércate, he estado esperando para abrir tus brazos; abusare de ti de la manera más sensual, en la gracia del enamoramiento me retorceré, y tú conmigo sentirás. ¿No puedes ver que nos distanciamos?, el frío esta en tus labios, creciendo más y más, y tu helado tacto me incendia. Por ello te arqueas, asistes mi éxtasis celestial con un hechizo y aprietas ferozmente mi corazón. No te des prisa, casi es el final; simplemente recuérdame que no debo temerle a la muerte mientras repasamos que de los dos, hacemos uno. No habrá restricción, entonces sin parar, estaremos a su lado, dejándonos empapados un poco más; quizás no quiera, pero si llego a despertar dime que volverás a volar, y mientras te elevas, diles que soy tuyo. Por ello no cierro los ojos cuando la muerte toca mi cuerpo, porque he vivido en ti, sabiendo que tú eres las llamas celestiales que arden en el cielo.

V®yçºLªçk nØ¡zØ VêtªLª
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