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Kiss

Apenas una mirada para calmar los nervios, una palabra que entre parpadeos lograra ocasionar otro sentimiento que me claudicara.  El instante se provoca por un choque facial donde los perjudicados resultaron ser los tejidos que no lograron caminar, por ello, mi álgido amigo te pido que me recuerdes cuando deje de estar, la sorpresa vendrá cuando no me puedan encontrar. No niego que me atemoriza olvidar, lo sutil es muestra de educación y es detalle de humildad; pero existe un pero que me impide avanzar.

Apenas un vaso lleno de leche para calmar el alma, una caricia que logra romper el frío para ocasionar otro sentimiento que me hace repetir. El adiós se me escapa de la boca para chocar con el alegre rostro de la fantasía, la imposición se disfraza en idea y el torero se arrodilla conmigo para honrar el esfuerzo de la bestia. El coro del cielo abraza con placeres el aroma de la sangre, mientras el cuerpo apremia la ausencia de calor dejando en euforia la última gota de vida. Todos los alaridos se acercan por la espalda para ser alas, plumas y resistencia; la sorpresa llegara cuando no me puedan encontrar.

Las aves rompen el manto nocturno con el placer de su vuelo furtivo, las nubes se convierten en alfombras dejando con ello anhelos románticos por ser suicidas en su nombre; la afrenta divina por tomar con las manos el cuerpo de una luna. Por ello las historias se conjuran sobre la piel, la memoria puede morir y los sucesos desaparecer para que exista un motivo que recordar.

El tiempo se aligera cuando no me salva la realidad de pedir milagros, cuando los motivos sobran y las telarañas envejecen para mejorar. La temperatura confundida se eleva con los chispazos de una mordida, desasiendo con maestría la única moral que aun nos viste y  pensamos que en otra parte sucede algo peor. Los vientos nos empujan de uno a otro cuando desconocemos quien podría ser lo mejor, lo óptimo, lo seguro; el circulo es vicio que no tienes la firmeza de ser salvada del pecado, ni el miedo puede razonar, pero tengo tu boca para servirme en mi placer.

Los esparcidos flujos de continuidad, espaciados por la mugre de hermosa serenidad. Un vidrio que separa el contraste con el brillo de la edad, rejuveneciendo la carne trémula de aquello llamado ayer y que en ti, ahora es bendito sepulcro para olvidar las promesas; temibles sorpresas por encontrarnos en esta miserable cantidad donde lo único restable es la carcajada que niega la verdad. Por lo tanto, no tengo que remediar mi tiempo en buscar una absolución que me disculpe por tener manchadas las manos con la vida que me partió en pedazos.

Apenas un eclipse que nos muestra nuestro rostro oculto, un sendero que incita al promiscuo amor en devolvernos la inocencia para remediar este gusto que se tiene por el salado sabor de la sangre; un libro que leer o una rosa negra que podamos continuar salvando. Los parpados se ejecutan con una sola mirada, se cierran para procurar que la entrega donde el alba del aliento que se entrelaza con los labios de otro ser vivo, no se interrumpa con el posible arrepentimiento. Lo sutil es muestra de educación y es detalle de humildad; pero existe un laberinto que me ayuda a no ser encontrado.

Apenas un hueco que lograra acostumbrarse a mi carne, un día ensuciado con el rímel de una mujer poco atractiva y que por sentimiento me causa repulsión; una neblina que me sabe a frialdad, una bebida que me deja sin cuerpo. En eso se me ocurre darle un saludo al dueño de la lluvia, el mismo demonio que se acuesta con los amores heridos por el fenómeno gris; le imploro una inspiración, una palabra que derroche en absurda locura para consentir de alguna manera esta sensación que me provoca alejamiento. El coro del cielo se estremece por mis decadentes pesadillas, abrazan con fuerza el aroma de la sangre olvidando que son gotas de pureza. Son heridas por el veneno, convirtiéndose en mis propias alas, plumas y aun así no me pueden encontrar.

Se desquebraja la ingenuidad por la descubierta violencia, las manos por inercia tratan de separarme de ese monstruo que me devora en deliciosos bocados; el enemigo es un sueño y las lágrimas son las víctimas. Logro escuchar como pronuncia su nombre mientras me abandono a su juego, las líneas de este encuentro se difuminan con el sonido del fingido amor, un suceso que existe para recordar con desesperación.

Una gota de sudor delata mi cansancio mientras la frente de mi vicio esta maquilando los siguientes movimientos, no me deja respirar y eso me mata; quiero creer que alguien más sufre tanto o peor que yo. Los ojos me traicionan evitando que pueda ver las posibilidades de huir, lo optimo y lo seguro son arrebatos de una dolencia que no supera los ideales de la inyección; mi culpa se inhala y el romance aprieta mis venas. La temperatura se eleva cuando un poco de humo se logra deleitar con nuestras bocas, las mordidas se convierten en destructivas poesías, los cuerpos se mueven por instinto y el calor es recuerdo oscuro; pero los corazones nos empujan del uno al otro con el propósito de ser serviciales al amorfo placer.

Los últimos lienzos que puedo mantener en la memoria, esas voces que taladran con insensible lasciva los predicamentos de un dios efímero, se convierten en vidriosos rastros de vida que se nublan en totalidad por querer encontrar la sensación de una querida ansiedad, apenas puedo recordar con cierta delicadeza, los insultos que callaban con su bello nacimiento en mi boca las palabras que solicitaban auxilio. Los bajos rendimientos por tanta fricción, los distantes consuelos que se albergan en el seno de un desagradable adiós.

Una mirada que me invade el pensamiento, una toxina que desprecia mi buena salud; apenas un silencio que me encuentra para ser yo el complemento, un escrito plagado de engaños que en su manto algo se hace realidad. Es así como recuperamos la cabeza después de arriesgar el verbo en su vestimenta, el viento nos empuja el uno a otro fundiendo nuestro pacto en un horrible beso. Todo concluye en soledad donde el antojo por llorar es una jugada que no deseamos utilizar, un corazón que ha crecido se hace presente en vuestra embocadura.

Apenas vuelvan los alaridos del albiceleste descanso, un poeta volteara la página para continuar con la lectura que en el cuerpo de la nombrada noche se llegara a dibujar en su infinidad, una luna que tomara por sitio el espacio para ser la boca. Una infalible amenaza que tomara por victima cada uña enterrada en la espalda, donde las alas y las plumas se convertirán en hirientes fragmentos de suciedad. En ese momento entrégame la locura hecha placer, dedícame una larga oración donde la vocal gobierne la exclamación, para que termines preguntando junto a mí: ¿Por qué me he vuelto frío al darte un beso?…

Kiss

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Una reflexión sobre la Nada.

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Esta noche todo lo que había querido comprender adquiere perfecto sentido cósmico, porque un viajero me ha enseñado cómo la nada tiene sentido. Aquí estoy iniciando mi tránsito hacia la muerte, y sólo ahora entiendo lo que es la nada. Qué absurdo haber esperado tanto tiempo. La nada, comprendí, es la madre del Ser. La nada buscó amarse a sí misma.Cualquier cosa, aun la nada, cuando finalmente se conoce a sí misma por completo, se convierte en amor.

El universo, es decir, la vida como la conocemos, la gran Explosión (big Bang), la creación, tuvieron lugar porque la nada se conoció a sí misma a plenitud, y en aquel momento el amor brotó desde esta fuerza creativa hacia el ser.¿Por qué existía la nada original?Esto es como la ídea que dice que la oración “Dios existe” es redundante.No existe una pregunta del porqué acerca de la nada. La nada es el estado primario de ausencia, el cual  significa la más poderosa motivación creativa imaginable. ¿Sin ausencia de movimiento existe la necesidad de movimiento?No hay palabras para describir lo que era y es la nada, excepto la Palabra. No puede existir una palabra. Sólo puede haber un logos completo para decir Dios, para decir Amor. Esto es lo mejor que puede hacer el lenguaje, porque el lenguaje es una forma de amor, no de nada.Cuando una persona busca crecer, hacerse poderosa, encontrar la verdad, lo hace porque se enfrenta con la nada, la incipiente carencia que nos acompaña a lo largo de la vida y que nos incita a llenarla con actividad. Cualquier cosa nueva es posible; no existen los límites, sólo  un potencial infinito. ¿Por qué? No porque ya haya sido hecho todo, sino por todo lo que no se ha hecho. El vacío es tanto el impulso de la creación como lo es la ambición de crear.Cuando perdemos a un ser querido porque muere, o sentimos una absoluta falta de significado a la vida cotidiana, o nos enamoramos y somos rechazados, los animales humanos percibimos la nada esencial y original a partir de la cual nuestra especie ha desarrollado. En estos casos, así como en los de fracaso, abandono y remordimiento, sentimos la nada que es exactamente el mismo no Ser, el mismo vació que los científicos aseguran existió antes de la Explosión. La nada es tanto presente como el pasado.

Por ello podemos decir que entendemos por qué existe el sufrimiento: el sufrimiento asegura que la nada-ausencia- siempre esté presente, para que el cambio también lo esté siempre.Despúes de encontrarme conmigo mismo hace tiempo, caí en la nada. Fue el éxtasis. Me rendí ante mí, me perdí en mí, y luego resurgí como luz. Éste es el camino del espíritu humano: caer en la oscuridad y elevarse hacia la luz. Éste es el sendero de la muerte: a través de ella, tocar el ojo de Dios. La muerte es desapego y siempre llega en el momento apropiado.¿Cómo saber cuándo es correcto que alguien muera? ¿Cómo saber cuándo un afecto se encuentra saturado de energía materializada y es momento de dejarlo ir? Me da miedo la muerte: por lo tanto, tengo que evitarla.Ésta no es la vía. Cuando la energía alcanza su saturación, en un cuerpo o en una relación, busca abandonar la forma que tiene en aquel “cuerpo” o “relación”; quiere una forma nueva, ya que ha rebasado la antigua.¡Duele tanto!- exclama el niño de cada uno, sintiendo que brotan las lagrimas-. Es aterrador estar tan cerca de la muerte, ¡tengo miedo de perder mi cuerpo! ¿Por qué esta forma no puede vivir para siempre?

Existe un instinto de sobrevivencia que obliga a nuestras mentes a pensarnos fundamentalmente como Cuerpo. Pensando así, ¿cómo no vamos a sentir miedo de perderlo? Nos visualizamos como un delicado vaso de cristal, por lo que el gran reto es evitar rompernos.Olvidamos que somo la luz eterna en sí misma. Sin el cristal, la luz nunca se refracta, no puede esparcirse en la oscuridad; necesitamos el cristal, este cuerpo. Pero nuestra luz no se limita a un solo vaso. Florecemos en cualquier parte. Renunciaremos, cuan tengamos que hacerlo, a este cristal, permitiendo que se rompa, para continuar nuestro viaje cósmico.

En mi visión me he visto a mí mismo. Mi palabra ha sido aceptada por el Silencio.

Ahora soy libre.

Místico Americano.
Michael Gurian